Para continuar creo necesario colocar como eje de ese proceso un olvido. Nacimos como comunidad independiente con el proyecto de construir una nación. Largas luchas fratricidas, incomprensiones de ambos bandos, pequeñez en el planteo político, privilegiar los intereses de sectores por encima de los de toda la comunidad, nos fue llevando a los tumbos a lo largo del Siglo XIX y en parte del XX.
Si bien la "historia oficial" nos ha contado todo esto desde la versión de un solo bando, cortando la nación entre "bárbaros y civilizados" y gran parte de nuestra educación fue sostenida por ello, ha llegado la hora de ponernos a pensar desde un proyecto de unidad de la comunidad, aunque esta unidad esté siempre transida por tensiones y contradicciones políticas. La historia es el proceso por el cual se van resolviendo esas contradicciones. Depende de la claridad de nuestras ideas respecto de que ese proyecto abarque a la mayoría de nuestro pueblo, se resolverán en un sentido u otro. Recorriendo nuestra historia podemos advertir que las soluciones buscadas, y a veces encontradas, muchas veces se pensaron y se ejecutaron desde el manejo del poder de uno de los bandos.
Estamos sobre el filo del abismo y no nos queda mucho margen para seguir avanzando desconociendo a "los otros". Hoy suenan cantos de sirena que nos pueden precipitar en el abismo. Nos ha tocado la suerte heroica de ser los protagonistas de una etapa histórica crucial. Esto puede verse como una desgracia colectiva o como una oportunidad imperdible. Nos encontramos en uno de esos recodos de la historia en los que se pueden definir las líneas generales que apunten hacia el futuro. Y porque se puede se debe. Cuando leemos la historia y, a veces, nos exaltamos con las grandes epopeyas, con las decisiones cruciales, con las definiciones certeras, que dieron un marco propicio a las realizaciones posteriores, nos parece que fue obra de titanes, de seres irrepetibles. Sin embargo, mirados desde la cotidianeidad, eran seres humanos como nosotros, con un compromiso y una decisión de participar que debiéramos recuperar y encarnar en esta hora. En la Historia, sin duda, ha habido hombres excepcionales pero fueron pocos. Las más de las veces fue el fruto de un largo trabajo colectivo que eclosionó en un momento produciendo resultados largamente preparados.
Creo que estamos en uno de esos momentos en los que la comunidad toda debe plantearse los problemas que enfrentamos, debatirlos en sus comunidades más inmediatas, comenzar a construir conducciones y dirigentes que se conviertan en los portavoces de los mandatos conferidos. Equivale a decir, comenzar un proceso educativo de abajo hacia arriba que privilegie la construcción de pensamientos comunes, pero que no ignoren la complejidad y la heterogeneidad política y cultural, aprendiendo a escucharnos atentamente, sabiendo resignar parte de lo que el interés particular nos señala en pos del logro del interés comunitario. En estos debates se deberá prestar especial atención a las filtraciones de ideas y valores del neoliberalismo que han imperado hasta aquí.
Entonces, a partir de esas construcciones de ideas comunes, deberemos pensar que la resolución de todo ello es posible en el marco de la comunidad nacional. Nos topamos así con un tema que se fue retrasando de la agenda común, que sólo formalmente apareció en ciertos momentos, y que la prédica neoliberal pretendió rebajarlo a la categoría de obsoleto: la Nación. Haber perdido la mirada de este tema central fue, en parte, obra de un pensamiento que pretendió convencernos de que somos ciudadanos del mundo. Pero de un mundo compuesto por átomos independientes y centrados en sus propios deseos de consumo en el cual el mercado es la idea central alrededor de la cual debe girar toda reflexión. La nación, entonces, es nuestro punto de partida. La educación es el instrumento necesario para esa construcción. Sin embargo, la educación que hoy tenemos está lejos de cumplir sabiamente esta tarea, deberemos recurrir a las formas alternativas que estén cerca de nuestras manos.
miércoles 8 de julio de 2009
domingo 5 de julio de 2009
¿Qué nos pasó como Nación?
Este es un buen momento para dirigir la mirada hacia atrás buscando razones que nos permitan comprender cómo hemos llegado hasta acá y por qué. El golpe militar de 1976, en la Argentina, significó un punto de inflexión a la curva del posible desarrollo de las naciones independientes y soberanas en América Latina. Fue un proceso que reconoce viejas raíces pero que, para nuestra investigación, no deseo ir más atrás de esa fecha. A partir de allí comenzó una prédica pertinaz, a la que se sumaron la mayoría de los medios de comunicación masiva, en los primeros años dijeron que por falta de libertad dijeron, después de 1983, sólo por dinero. Esa prédica intentó convencernos, con bastante éxito por cierto, de que el Estado era un mal que acarreaban los países subdesarrollados, era una especie de "papá" castrador que impedía liberar las fuerzas económicas para un despegue hacia una sociedad más rica.
Los países centrales eran el modelo en el que debíamos mirarnos. Sus instituciones eran la matriz de nuestro posible desarrollo, su cultura era el motor del desarrollo necesario. Esa liberación de las fuerzas sólo era posible dejando a su libre arbitrio la actividad de los "individuos emprendedores". Para ello era necesario levantar los impedimentos que trabaran su capacidad productiva, de modo que pudieran desplegar todas sus energías en el escenario del "mercado". Esta doctrina de la libertad económica, con algunos altibajos, no perdió fuerza en la década de los ochenta y exhibió sus mejores esplendores en los noventa. Las consecuencias están a la vista.
Pero, para los fines que me propongo, será necesario poder detectar y comprender cómo fue posible que se pudiera desarrollar un plan tan devastador, ante la mirada de todos nosotros. Si bien hubo voces que alertaron hacia donde nos encaminábamos, los resultados electorales de los últimos veinte años dan prueba de la incapacidad colectiva, como comunidad nacional, para preservar la salud de los bienes socio-culturales. Nuestra incapacidad para haber previsto el desenlace de ese proceso es un tema que nos debe llevar a la reflexión compartida, como camino posible para salvar lo que sea posible y no volver a permitir tales desarreglos, que nos llevarán mucho tiempo reparar. Y, en mi opinión, y aquí se centra el nudo de este tema: la desorientación de nuestras ideas básicas respecto de qué debemos ser, la facilidad con que aceptamos tales engaños y desaciertos, la impasividad con que permitimos la llegada al poder de "bandas" de saqueadores, debe ser el tema principal de nuestro aprendizaje colectivo.
No deseo plantear el tema en términos de culpabilidad colectiva, es una palabra demasiado fuerte. Si bien puede decirse que toda pasividad posibilita la actividad de otros, y en este sentido hay una especie de corresponsabilidad. Me parece más importante como enseñanza a recoger descubrir las telarañas ideológicas que se tendieron delante de la mirada colectiva. Ese entramado de ideas: el camino individual, la competencia en la que triunfan los mejores, la libertad económica como marco de la libertad de los hombres, el éxito como medida de las actividades, etc. se presentaron como las Tablas de la Ley cuyo cumplimiento aseguraba la llegada a la Tierra prometida, la de la riqueza, del bienestar, del consumo, en fin, la de la felicidad del tener. ¿Cómo es que logramos exactamente lo contrario? Tal vez, y esto puede parecer mefistofélico, estamos en un momento en el cual es necesario reflexionar seriamente sobre cuánto de lo que pasó está todavía presente, puesto que estamos a tiempo de rehacer cosas para elegir el mejor camino posible para reemprender la marcha.
Los países centrales eran el modelo en el que debíamos mirarnos. Sus instituciones eran la matriz de nuestro posible desarrollo, su cultura era el motor del desarrollo necesario. Esa liberación de las fuerzas sólo era posible dejando a su libre arbitrio la actividad de los "individuos emprendedores". Para ello era necesario levantar los impedimentos que trabaran su capacidad productiva, de modo que pudieran desplegar todas sus energías en el escenario del "mercado". Esta doctrina de la libertad económica, con algunos altibajos, no perdió fuerza en la década de los ochenta y exhibió sus mejores esplendores en los noventa. Las consecuencias están a la vista.
Pero, para los fines que me propongo, será necesario poder detectar y comprender cómo fue posible que se pudiera desarrollar un plan tan devastador, ante la mirada de todos nosotros. Si bien hubo voces que alertaron hacia donde nos encaminábamos, los resultados electorales de los últimos veinte años dan prueba de la incapacidad colectiva, como comunidad nacional, para preservar la salud de los bienes socio-culturales. Nuestra incapacidad para haber previsto el desenlace de ese proceso es un tema que nos debe llevar a la reflexión compartida, como camino posible para salvar lo que sea posible y no volver a permitir tales desarreglos, que nos llevarán mucho tiempo reparar. Y, en mi opinión, y aquí se centra el nudo de este tema: la desorientación de nuestras ideas básicas respecto de qué debemos ser, la facilidad con que aceptamos tales engaños y desaciertos, la impasividad con que permitimos la llegada al poder de "bandas" de saqueadores, debe ser el tema principal de nuestro aprendizaje colectivo.
No deseo plantear el tema en términos de culpabilidad colectiva, es una palabra demasiado fuerte. Si bien puede decirse que toda pasividad posibilita la actividad de otros, y en este sentido hay una especie de corresponsabilidad. Me parece más importante como enseñanza a recoger descubrir las telarañas ideológicas que se tendieron delante de la mirada colectiva. Ese entramado de ideas: el camino individual, la competencia en la que triunfan los mejores, la libertad económica como marco de la libertad de los hombres, el éxito como medida de las actividades, etc. se presentaron como las Tablas de la Ley cuyo cumplimiento aseguraba la llegada a la Tierra prometida, la de la riqueza, del bienestar, del consumo, en fin, la de la felicidad del tener. ¿Cómo es que logramos exactamente lo contrario? Tal vez, y esto puede parecer mefistofélico, estamos en un momento en el cual es necesario reflexionar seriamente sobre cuánto de lo que pasó está todavía presente, puesto que estamos a tiempo de rehacer cosas para elegir el mejor camino posible para reemprender la marcha.
martes 30 de junio de 2009
¿De qué modelo se habla? final
Si algún político, estudioso de los fenómenos socio-políticos, venido del espacio cósmico llegara a la Argentina con la intención de estudiar el comportamiento de los votantes se encontraría en serias dificultades. Porque para comprender las conductas de los votantes supondría, con una lógica nada descabellada, que aquellos que resultaran los más beneficiados por la gestión de un gobierno serían los más fervientes apoyos con que contarían. Y aquí aparece la i-lógica de la lógica con que pretendiera estudiar los modos de votar y las preferencias de los votantes. Si bien las estadísticas no siempre reflejan con toda claridad la realidad socio-económica, y no faltan los que digan que siempre están manipuladas y algo de razón tienen, las mejoras sociales producidas desde la terrible noche de la represión en Plaza de Mayo en Diciembre de 2001 hasta este 2009 se han repartido con cierta inequidad, viéndose favorecidas las clases medias y altas y un poco menos los sectores del trabajo.
Sin embargo, las preferencias políticas de estos sectores se distribuyen, de acuerdo a los resultados del 29-6 actuales encuestas, en forma aparentemente incomprensible, siguiendo la lógica anterior: los sectores menos favorecidos apoyaron la gestión de Gobierno, los otros se encolumnan detrás de la dura oposición. Estos se sienten representados por las cámaras empresariales y por la mesa de Enlace del “campo privilegiado”. Todos estos últimos sectores tienen como voceros, como ya dije, a los grandes medios. Esto le lleva a decir a Raúl Dellatorre que: «Fueron los que más ganaron con el cambio de modelo económico en 2003, pero hoy lo enfrentan. La cúpula empresaria juega a una oposición fuerte en plena campaña, buscando condicionar las políticas de los próximos dos años».
Y lo más lamentable para la salud de nuestra democracia es que al no existir partidos de oposición con programas claros y propuestas atrayentes el espacio que queda vacío entonces es ocupado por esos voceros no partidarios: «Así como en 2008 las entidades rurales les “robaron” el protagonismo a los partidos y alianzas políticas que pretendían referenciarse como eje de la oposición, en estas elecciones otro sector empresario, con la Unión Industrial Argentina a la cabeza, se erigió en el sector que confronta más duro con el Gobierno y su modelo económico». Ese vacío en la política tiende a ser ocupado por el que se sienta en condiciones de hacerlo: «Frente a este desafío, quien recogió el guante y aceptó el duelo es el establishment local que, como no sucedía desde hace tiempo, ha logrado unificar discurso y posturas públicas. Si es el modelo el que está en juego, ellos, el establishment, tienen algo que decir. Algo que le “marque la cancha” al Gobierno sobre “lo que se puede o no se puede” hacer. Cierto sector de la oposición, dócilmente, los acompaña».
Los candidatos del gobierno manifestaron que lo que estaba en juego es el modelo de país, partiendo de la base de a quiénes molestaron muchas de las decisiones tomadas. Si bien el gobierno está lejos de haber resuelto muchos de los grandes problemas que tiene nuestro pueblo, no se debe perder de vista que esos sectores volverían con gusto al modelo de los noventa, como De Narváez que lamenta que Menem no haya triunfado en el 2003 y otro tanto dice Macri. «Los grupos de poder económico advierten que en estos días se define la orientación de la política económica por lo menos de los próximos dos años (en esto coinciden con el gobierno), pero advierten que el gobierno se está viendo tentado a echar mano de instrumentos de mayor intervención del Estado, como fue la eliminación del sistema de las AFJP y la política activa que se está dando con los fondos administrados ahora por la Anses. No quieren ver avanzar esta tendencia, por eso confrontan».
Creo que esto ha quedado claro respecto de lo que en parte se ha decidido en este domingo de Junio. Y en los próximos meses podremos ver cómo votarán los elegidos los proyectos que lleven el país hacia delante o hacia el pasado. Algunos de ellos no nos sorprenderán puesto que ya sabemos como piensan y como gestionan y a favor de quienes lo hacen: la defensa del capital concentrado y hacer pagar los costos de la crisis a los que trabajan, como ha sucedido tantas veces en el pasado. Tal vez, la incógnita resida en algunos sectores que no se han alineado con claridad y que deberán mostrar en sus votaciones su proyecto para todos nosotros. En esto se centraba el problema del modelo.
Sin embargo, las preferencias políticas de estos sectores se distribuyen, de acuerdo a los resultados del 29-6 actuales encuestas, en forma aparentemente incomprensible, siguiendo la lógica anterior: los sectores menos favorecidos apoyaron la gestión de Gobierno, los otros se encolumnan detrás de la dura oposición. Estos se sienten representados por las cámaras empresariales y por la mesa de Enlace del “campo privilegiado”. Todos estos últimos sectores tienen como voceros, como ya dije, a los grandes medios. Esto le lleva a decir a Raúl Dellatorre que: «Fueron los que más ganaron con el cambio de modelo económico en 2003, pero hoy lo enfrentan. La cúpula empresaria juega a una oposición fuerte en plena campaña, buscando condicionar las políticas de los próximos dos años».
Y lo más lamentable para la salud de nuestra democracia es que al no existir partidos de oposición con programas claros y propuestas atrayentes el espacio que queda vacío entonces es ocupado por esos voceros no partidarios: «Así como en 2008 las entidades rurales les “robaron” el protagonismo a los partidos y alianzas políticas que pretendían referenciarse como eje de la oposición, en estas elecciones otro sector empresario, con la Unión Industrial Argentina a la cabeza, se erigió en el sector que confronta más duro con el Gobierno y su modelo económico». Ese vacío en la política tiende a ser ocupado por el que se sienta en condiciones de hacerlo: «Frente a este desafío, quien recogió el guante y aceptó el duelo es el establishment local que, como no sucedía desde hace tiempo, ha logrado unificar discurso y posturas públicas. Si es el modelo el que está en juego, ellos, el establishment, tienen algo que decir. Algo que le “marque la cancha” al Gobierno sobre “lo que se puede o no se puede” hacer. Cierto sector de la oposición, dócilmente, los acompaña».
Los candidatos del gobierno manifestaron que lo que estaba en juego es el modelo de país, partiendo de la base de a quiénes molestaron muchas de las decisiones tomadas. Si bien el gobierno está lejos de haber resuelto muchos de los grandes problemas que tiene nuestro pueblo, no se debe perder de vista que esos sectores volverían con gusto al modelo de los noventa, como De Narváez que lamenta que Menem no haya triunfado en el 2003 y otro tanto dice Macri. «Los grupos de poder económico advierten que en estos días se define la orientación de la política económica por lo menos de los próximos dos años (en esto coinciden con el gobierno), pero advierten que el gobierno se está viendo tentado a echar mano de instrumentos de mayor intervención del Estado, como fue la eliminación del sistema de las AFJP y la política activa que se está dando con los fondos administrados ahora por la Anses. No quieren ver avanzar esta tendencia, por eso confrontan».
Creo que esto ha quedado claro respecto de lo que en parte se ha decidido en este domingo de Junio. Y en los próximos meses podremos ver cómo votarán los elegidos los proyectos que lleven el país hacia delante o hacia el pasado. Algunos de ellos no nos sorprenderán puesto que ya sabemos como piensan y como gestionan y a favor de quienes lo hacen: la defensa del capital concentrado y hacer pagar los costos de la crisis a los que trabajan, como ha sucedido tantas veces en el pasado. Tal vez, la incógnita resida en algunos sectores que no se han alineado con claridad y que deberán mostrar en sus votaciones su proyecto para todos nosotros. En esto se centraba el problema del modelo.
miércoles 24 de junio de 2009
¿De qué modelo se habla? XI
Decir que las instituciones empresariales manipulan la información, la tergiversan y la acomodan a sus intereses no es una novedad, pero es necesario decirlo una y otra vez porque hay mucha gente que recibe información sólo por los medios socios de esas cámaras institucionales de los patrones millonarios internacionales. Quedó manifestado en una nota anterior el contenido de los comentarios de esas cámaras, recogidos por los medios habituales. Debemos agregar ahora que representantes de esas cámaras en viaje de negocios y política por los EEUU se reunieron con funcionarios del Departamento de Estado. Lo conversado en esas reuniones llegó a las redacciones consabidas y fue reflejada en las publicaciones, entre ellas destaco la del sumiso y obediente Marcelo Bonelli quien escribió la nota “El gobierno busca el apoyo del Tesoro Norteamericano” que enojó al Departamento de los EEUU. Veamos parte de la nota:
«El embajador Milton Drucker, jefe del área Cono Sur del Departamento de Estado norteamericano fue claro con los empresarios de nuestro país: "No entendemos a la Argentina". El subsecretario de Asuntos del Hemisferio Occidental dio una larga lista de países amigos y con problemas de América del Sur; Craig Nelly agregó: "Argentina no está en nuestra agenda y todo se debe a la posición de su Gobierno".
Ambos funcionarios formularon estas declaraciones el miércoles, ante la cúpula de la Unión Industrial Argentina, en las oficinas del poderoso Departamento de Estado de Estados Unidos. El equipo de Héctor Méndez escuchó pacientemente, y la cúpula fabril cumplió su compromiso con el Gobierno: evitar echar más leña al fuego en la relación entre la UIA y la Casa Rosada. Primero cumplió -como anticipó Clarín- al no llevar el conflicto de las estatizaciones al exterior. Tampoco hicieron declaraciones públicas ni privadas contra el Gobierno».
Muchas veces la ingenuidad de un vasto público consume esta información que, por regla general, no es desmentida por nadie. Uno se pregunta ¿qué habrá pasado para que los funcionarios del país del norte salieran al cruce con una declaración tan dura como poco habitual: «Escribimos para expresar nuestra objeción, en los términos más duros posibles, a la nota “El gobierno busca el apoyo del Tesoro Norteamericano”, que apareció el 12 de junio en la edición de Clarín. Las citas textuales atribuidas son absolutamente falsas y fueron publicadas sin estar basadas en la verdad. Estamos totalmente en desacuerdo con la mala interpretación de nuestra conversación con representantes de la Unión Industrial Argentina (UIA). De hecho, valoramos enormemente la fuerte relación que tenemos con el Gobierno de Argentina, el que está basado en objetivos compartidos, valores e intereses comunes».
Este tipo de desmentidas es realmente sorprendente y demuestra que hay veces en que la desmesura de ciertos medios harta hasta a los mismos dueños del poder. Es de pensar que el enojo no se debe tanto a que no haya funcionarios del norte que están en desacuerdo con el actual gobierno y ayudarían a todos aquellos que tengan posibilidad de reemplazarlo. Pero, pareciera que la llegada de Obama a la casa Blanca ha exigido un cambio de los tonos, los métodos, y de los estilos diplomáticos que no toleran la desmesura de nuestros burdos dirigentes que fueron a buscar, una vez más, apoyo exterior para avalar sus intereses mezquinos. Esos cambios se perciben en la nota del Departamento de Estado cuando sostienen:
«Hemos reiterado públicamente, nuestro deseo de mantener y de fortalecer esas relaciones [con el gobierno argentino], y de aumentar la cooperación en áreas de educación, energía renovables, y ciencia y tecnología. Nuestro compromiso de hacerlo, es manifestado en nuestro diálogo de alto rango, el cual resultó en cuatro acuerdos bilaterales y nuestra continua cooperación en tales foros multilaterales como Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y el G20. De hecho, nosotros planeamos viajar a la Argentina en los próximos meses para continuar estas discusiones con el gobierno y el sector privado, las cuales apuntan a fomentar oportunidades para compañías argentinas y estadounidenses, en el medio de la crisis económica global».
Los apuros por desestabilizar las relaciones internacionales que demuestren los deseos de esos dirigentes de la oposición de aislar al actual gobierno no son correspondidos por el presidente Obama. Repito una vez más: esta es otra prueba de que se contraponen dos modelos: con los intereses de la Nación o con los intereses de las multinacionales.
«El embajador Milton Drucker, jefe del área Cono Sur del Departamento de Estado norteamericano fue claro con los empresarios de nuestro país: "No entendemos a la Argentina". El subsecretario de Asuntos del Hemisferio Occidental dio una larga lista de países amigos y con problemas de América del Sur; Craig Nelly agregó: "Argentina no está en nuestra agenda y todo se debe a la posición de su Gobierno".
Ambos funcionarios formularon estas declaraciones el miércoles, ante la cúpula de la Unión Industrial Argentina, en las oficinas del poderoso Departamento de Estado de Estados Unidos. El equipo de Héctor Méndez escuchó pacientemente, y la cúpula fabril cumplió su compromiso con el Gobierno: evitar echar más leña al fuego en la relación entre la UIA y la Casa Rosada. Primero cumplió -como anticipó Clarín- al no llevar el conflicto de las estatizaciones al exterior. Tampoco hicieron declaraciones públicas ni privadas contra el Gobierno».
Muchas veces la ingenuidad de un vasto público consume esta información que, por regla general, no es desmentida por nadie. Uno se pregunta ¿qué habrá pasado para que los funcionarios del país del norte salieran al cruce con una declaración tan dura como poco habitual: «Escribimos para expresar nuestra objeción, en los términos más duros posibles, a la nota “El gobierno busca el apoyo del Tesoro Norteamericano”, que apareció el 12 de junio en la edición de Clarín. Las citas textuales atribuidas son absolutamente falsas y fueron publicadas sin estar basadas en la verdad. Estamos totalmente en desacuerdo con la mala interpretación de nuestra conversación con representantes de la Unión Industrial Argentina (UIA). De hecho, valoramos enormemente la fuerte relación que tenemos con el Gobierno de Argentina, el que está basado en objetivos compartidos, valores e intereses comunes».
Este tipo de desmentidas es realmente sorprendente y demuestra que hay veces en que la desmesura de ciertos medios harta hasta a los mismos dueños del poder. Es de pensar que el enojo no se debe tanto a que no haya funcionarios del norte que están en desacuerdo con el actual gobierno y ayudarían a todos aquellos que tengan posibilidad de reemplazarlo. Pero, pareciera que la llegada de Obama a la casa Blanca ha exigido un cambio de los tonos, los métodos, y de los estilos diplomáticos que no toleran la desmesura de nuestros burdos dirigentes que fueron a buscar, una vez más, apoyo exterior para avalar sus intereses mezquinos. Esos cambios se perciben en la nota del Departamento de Estado cuando sostienen:
«Hemos reiterado públicamente, nuestro deseo de mantener y de fortalecer esas relaciones [con el gobierno argentino], y de aumentar la cooperación en áreas de educación, energía renovables, y ciencia y tecnología. Nuestro compromiso de hacerlo, es manifestado en nuestro diálogo de alto rango, el cual resultó en cuatro acuerdos bilaterales y nuestra continua cooperación en tales foros multilaterales como Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y el G20. De hecho, nosotros planeamos viajar a la Argentina en los próximos meses para continuar estas discusiones con el gobierno y el sector privado, las cuales apuntan a fomentar oportunidades para compañías argentinas y estadounidenses, en el medio de la crisis económica global».
Los apuros por desestabilizar las relaciones internacionales que demuestren los deseos de esos dirigentes de la oposición de aislar al actual gobierno no son correspondidos por el presidente Obama. Repito una vez más: esta es otra prueba de que se contraponen dos modelos: con los intereses de la Nación o con los intereses de las multinacionales.
¿De qué modelo se habla? X
Para seguir repasando la conducta de las instituciones de la Argentina, tema que llena de palabras las bocas de tantos “republicanos” defensores del “liberalismo económico”, veamos qué dicen y qué hacen las cámaras empresariales. Hemos estado leyendo, escuchando y viendo las declaraciones hechas, en cuanto medio de comunicación les pidiera opinión, de directivos, analistas económicos, analistas políticos y demás opinólogos que en estas últimas décadas proliferan, sobre el tema de las compras de empresas consideradas estratégicas de parte del gobierno venezolano. Dije “compras de empresas” y pude decir expropiaciones (Diccionario Espasa-Calpe: desposeer de una cosa a su propietario, dándole en cambio una indemnización. Se efectúa legalmente por motivos de utilidad pública), pero la utilización perversa que se ha hecho de esta palabra ha dado a entender que se le habían quitado las empresas, casi un robo.
Los directivos de la empresa Techint agradecieron a la Sra. Presidenta su intervención a favor del logro de un mejor precio por la operación. Si fueron a expresar su agradecimiento y su satisfacción fue porque hicieron un buen negocio. La supuesta empresa argentina del Grupo Techint dice en su página: «Compañías con operaciones en diversos países del mundo, líderes globales o regionales en sus sectores, con profundas raíces en las comunidades en las que operan». Equivale a decir que es una empresa internacional, de la cual hay una de sus sedes en la Argentina, pero su central está en Luxemburgo, lugar en el que depositaron el dinero obtenido por la venta, no en nuestro país. Todo ello muestra que no es una empresa argentina y que por lo tanto ha recibido un favor de parte del gobierno que después han retribuido con declaraciones de las cámaras empresarias a las que pertenecen reclamando las “arbitrariedades del gobierno venezolano” y, en el colmo de su desvergüenza, han solicitado que no se le permita el ingreso a Venezuela en el Mercosur.
El presidente del Instituto nacional de tecnología Industrial, Enrique Martínez, salió a explicar cuales podrían ser las consecuencias de tomar una medida como la solicitada: «de prosperar la iniciativa, y producirse el previsible enfriamiento de las relaciones con Argentina, se provocarían algunos daños a la industria local que vale la pena exponer, aparte de la actual corriente de intercambio. Se está completando en el INTI un relevamiento de la industria argentina de equipos para generación y distribución de energía eléctrica, solicitado por Venezuela, para atender un plan de 10 mil millones de dólares de inversión en los próximos cinco años. Se está construyendo un ámbito de desarrollo conjunto para producir la microelectrónica que abastezca componentes para celulares, PC, televisores, que ya se están ensamblando en Venezuela. Se prevé estudiar y avanzar en ámbitos binacionales en lo relativo a industrias para utilizar el gas natural; producir fertilizantes fosfatados; integrar la cadena de valor del aluminio aguas abajo; aprovechar los cueros vacunos, el sebo y las menudencias; utilizar la energía solar y la eólica».
Y agrega como reflexión de estas palabras: «Al INTI, como ente de apoyo a la industria argentina, le sería importante saber si la UIA ha hecho un análisis de costo/beneficio de sus acciones para bloquear el acceso de Venezuela al Mercosur. Si no lo han hecho y lo hicieran, descubrirían que la industria argentina perderá mucho más de lo que ganará, aun así quedarían varios espacios de posible reclamo al gobierno nacional». Lo que sucede es que los directivos de la que dice ser “cámara de las industrias” es en realidad el lugar en el que se abroquelan las grandes empresas con intereses internacionales, sin preocuparse mucho por el daño que generan con sus conductas al resto de la industria nacional. Las empresas PYMES también mostraron su disgusto por ese tipo de declaraciones que olvidan el interés nacional.
Esto es necesario tenerlo en cuenta cuando leemos en los medios comprometidos con esas empresas internacionales, o socios de ellas, que se está afectando el interés nacional con las políticas públicas, de qué están hablando y qué es lo que están defendiendo. Además poder saber si están defendiendo el desarrollo de la industria local o, simplemente, sus intereses particulares, y aquí aparece nuevamente detrás de cuál modelo están
Los directivos de la empresa Techint agradecieron a la Sra. Presidenta su intervención a favor del logro de un mejor precio por la operación. Si fueron a expresar su agradecimiento y su satisfacción fue porque hicieron un buen negocio. La supuesta empresa argentina del Grupo Techint dice en su página: «Compañías con operaciones en diversos países del mundo, líderes globales o regionales en sus sectores, con profundas raíces en las comunidades en las que operan». Equivale a decir que es una empresa internacional, de la cual hay una de sus sedes en la Argentina, pero su central está en Luxemburgo, lugar en el que depositaron el dinero obtenido por la venta, no en nuestro país. Todo ello muestra que no es una empresa argentina y que por lo tanto ha recibido un favor de parte del gobierno que después han retribuido con declaraciones de las cámaras empresarias a las que pertenecen reclamando las “arbitrariedades del gobierno venezolano” y, en el colmo de su desvergüenza, han solicitado que no se le permita el ingreso a Venezuela en el Mercosur.
El presidente del Instituto nacional de tecnología Industrial, Enrique Martínez, salió a explicar cuales podrían ser las consecuencias de tomar una medida como la solicitada: «de prosperar la iniciativa, y producirse el previsible enfriamiento de las relaciones con Argentina, se provocarían algunos daños a la industria local que vale la pena exponer, aparte de la actual corriente de intercambio. Se está completando en el INTI un relevamiento de la industria argentina de equipos para generación y distribución de energía eléctrica, solicitado por Venezuela, para atender un plan de 10 mil millones de dólares de inversión en los próximos cinco años. Se está construyendo un ámbito de desarrollo conjunto para producir la microelectrónica que abastezca componentes para celulares, PC, televisores, que ya se están ensamblando en Venezuela. Se prevé estudiar y avanzar en ámbitos binacionales en lo relativo a industrias para utilizar el gas natural; producir fertilizantes fosfatados; integrar la cadena de valor del aluminio aguas abajo; aprovechar los cueros vacunos, el sebo y las menudencias; utilizar la energía solar y la eólica».
Y agrega como reflexión de estas palabras: «Al INTI, como ente de apoyo a la industria argentina, le sería importante saber si la UIA ha hecho un análisis de costo/beneficio de sus acciones para bloquear el acceso de Venezuela al Mercosur. Si no lo han hecho y lo hicieran, descubrirían que la industria argentina perderá mucho más de lo que ganará, aun así quedarían varios espacios de posible reclamo al gobierno nacional». Lo que sucede es que los directivos de la que dice ser “cámara de las industrias” es en realidad el lugar en el que se abroquelan las grandes empresas con intereses internacionales, sin preocuparse mucho por el daño que generan con sus conductas al resto de la industria nacional. Las empresas PYMES también mostraron su disgusto por ese tipo de declaraciones que olvidan el interés nacional.
Esto es necesario tenerlo en cuenta cuando leemos en los medios comprometidos con esas empresas internacionales, o socios de ellas, que se está afectando el interés nacional con las políticas públicas, de qué están hablando y qué es lo que están defendiendo. Además poder saber si están defendiendo el desarrollo de la industria local o, simplemente, sus intereses particulares, y aquí aparece nuevamente detrás de cuál modelo están
miércoles 17 de junio de 2009
¿De qué modelo se habla? IX
Si en más de una oportunidad Ud. amable lector se preguntó por la relación entre el título de estas notas y el recorrido de su redacción, debo decirle que se entremezcla mucha hojarasca mediática que es necesario barrer para poder entrar de lleno en el problema que nos aflige. Por tal razón lo que pueda aparecer como circunloquios innecesarios son para mí ladrillos imprescindible para construir una lógica que desmonte la que lleva oculta el mensaje cuasi homogéneo que el ciudadano recibe diariamente. Pido perdón y paciencia y espero satisfacer las expectativas. Vamos a detenernos sobre uno de los tantos temas que se tergiversan en el modo de presentarlos ante un público no siempre avisado de estas triquiñuelas.
La polvareda que levantó la estatización de los fondos de pensión, promovida en gran parte por los bancos que se perdían un negocio sin riesgo y altamente rentable, es parte de ese mar de confusiones nada inocente. La respuesta inmediata de parte de esa oposición profesional fue que el gobierno necesitaba hacer “caja”. Podrá notarse de inmediato el tono peyorativo con que se hace referencia a los fondos públicos. La crisis más profunda que haya padecido el capitalismo en su historia echó por tierra ese tipo de argumentos. La sola pregunta acerca de cómo estarían hoy los fondos de todos esos trabajadores que aportaron durante años para “asegurase” una jubilación “digna”, como les había prometido Cavallo, alcanzaría para no hablar más del asunto. Sus fondos hoy sencillamente habrían desaparecido.
El argumento de Cavallo para privatizar el manejo de esos fondos fue la necesidad de crear un “mercado de capitales” que financiara el desarrollo de la empresa privada en nuestro país. Hoy sabemos que la mayoría de esos fondos fueron a para a empresas internacionales que aseguraron el desarrollo del capitalismo global, no el de nuestras empresas. Ahora cuando el ANSES administra esos fondos para recuperar su objetivo original, no cumplido, financiando a las pequeñas y medianas empresas nacionales, asegurando así la fuente de trabajo a los argentinos, ha cambiado el argumento. El discurso que se impone en los grandes medios se pregunta sobre «qué se hace con “la plata de los jubilados”». Empecemos por aclarar que esa formulación sencilla y embustera tiene la intención de generar pánico en esa franja de la población tan frágil y de una memoria triste sobre lo que se hizo con sus haberes. Embustera porque ese dinero no es de los jubilados sino es para los jubilados.
Ese dinero no está en una cuenta individual de alguna repartición misteriosa, sino que queda depositado en la administración del régimen previsional. La argumentación de por qué se toca ese dinero carece de todo sustento: si se dejara congelada en alguna cuenta correría el riesgo de su devaluación paulatina. Cómo entender que si los manejos de inversión lo hacían las empresas privadas estaba bien (quien haya tenido fondos habrá sufrido el desengaño de ver como cada vez le quedaba manos dinero en la cuenta, mientras que las utilidades de las empresas daban altos dividendos y se pagaban sueldos de película a sus responsables). Sobre esos delincuentes de guante blanco nunca cayó ninguna sospecha de los grandes medios. En cambio hoy que son manejados por la administración pública, que debe rendir cuentas ante la comisión del Congreso como ha sucedido recientemente, llueven las sospechas acerca de qué se hace «con la plata de los jubilados».
No quiere esto decir que todo sea transparente, que tengamos la mejor administración posible, que todo funcione como es necesario. Que el Estado padece de una enfermedad que se llama burocratitis crónica, que los funcionarios de las reparticiones dejan mucho que desear, que hay enquistado en sus pliegues mil desechos históricos de pasados y actuales gobiernos, todo ello es muy cierto. Pero de allí a pretender convencernos de que hoy todo eso está mal por culpa exclusiva de los Kirchner es pecar de una miopía horrorosa. Sin intentar defensa alguna de la actual administración, no se puede ignorar los males que todo ello viene acarreando por largo tiempo. Y, para hacer más indigesto el mensaje de los medios, que los funcionarios de las empresas privadas son mejores que los del Estado sólo puede ser creído por quien no se haya enterado de las causas profundas de la crisis financiera debido a los defalcos y fraudes de esos “honrados funcionarios” de los bancos privados. Todo esto es también un modo de hacer política y meterse en la campaña.
La polvareda que levantó la estatización de los fondos de pensión, promovida en gran parte por los bancos que se perdían un negocio sin riesgo y altamente rentable, es parte de ese mar de confusiones nada inocente. La respuesta inmediata de parte de esa oposición profesional fue que el gobierno necesitaba hacer “caja”. Podrá notarse de inmediato el tono peyorativo con que se hace referencia a los fondos públicos. La crisis más profunda que haya padecido el capitalismo en su historia echó por tierra ese tipo de argumentos. La sola pregunta acerca de cómo estarían hoy los fondos de todos esos trabajadores que aportaron durante años para “asegurase” una jubilación “digna”, como les había prometido Cavallo, alcanzaría para no hablar más del asunto. Sus fondos hoy sencillamente habrían desaparecido.
El argumento de Cavallo para privatizar el manejo de esos fondos fue la necesidad de crear un “mercado de capitales” que financiara el desarrollo de la empresa privada en nuestro país. Hoy sabemos que la mayoría de esos fondos fueron a para a empresas internacionales que aseguraron el desarrollo del capitalismo global, no el de nuestras empresas. Ahora cuando el ANSES administra esos fondos para recuperar su objetivo original, no cumplido, financiando a las pequeñas y medianas empresas nacionales, asegurando así la fuente de trabajo a los argentinos, ha cambiado el argumento. El discurso que se impone en los grandes medios se pregunta sobre «qué se hace con “la plata de los jubilados”». Empecemos por aclarar que esa formulación sencilla y embustera tiene la intención de generar pánico en esa franja de la población tan frágil y de una memoria triste sobre lo que se hizo con sus haberes. Embustera porque ese dinero no es de los jubilados sino es para los jubilados.
Ese dinero no está en una cuenta individual de alguna repartición misteriosa, sino que queda depositado en la administración del régimen previsional. La argumentación de por qué se toca ese dinero carece de todo sustento: si se dejara congelada en alguna cuenta correría el riesgo de su devaluación paulatina. Cómo entender que si los manejos de inversión lo hacían las empresas privadas estaba bien (quien haya tenido fondos habrá sufrido el desengaño de ver como cada vez le quedaba manos dinero en la cuenta, mientras que las utilidades de las empresas daban altos dividendos y se pagaban sueldos de película a sus responsables). Sobre esos delincuentes de guante blanco nunca cayó ninguna sospecha de los grandes medios. En cambio hoy que son manejados por la administración pública, que debe rendir cuentas ante la comisión del Congreso como ha sucedido recientemente, llueven las sospechas acerca de qué se hace «con la plata de los jubilados».
No quiere esto decir que todo sea transparente, que tengamos la mejor administración posible, que todo funcione como es necesario. Que el Estado padece de una enfermedad que se llama burocratitis crónica, que los funcionarios de las reparticiones dejan mucho que desear, que hay enquistado en sus pliegues mil desechos históricos de pasados y actuales gobiernos, todo ello es muy cierto. Pero de allí a pretender convencernos de que hoy todo eso está mal por culpa exclusiva de los Kirchner es pecar de una miopía horrorosa. Sin intentar defensa alguna de la actual administración, no se puede ignorar los males que todo ello viene acarreando por largo tiempo. Y, para hacer más indigesto el mensaje de los medios, que los funcionarios de las empresas privadas son mejores que los del Estado sólo puede ser creído por quien no se haya enterado de las causas profundas de la crisis financiera debido a los defalcos y fraudes de esos “honrados funcionarios” de los bancos privados. Todo esto es también un modo de hacer política y meterse en la campaña.
domingo 14 de junio de 2009
¿De qué modelo se habla? VIII
En esta tarea de discernimiento de la que hablé antes es importante agregar unas palabras de otra personalidad académica de mucho prestigio, Boaventura de Sousa Santos - Doctor en Sociología del Derecho, profesor de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.): «Desde hace años me intriga la facilidad con que se crean consensos en las sociedades de Europa y Norteamérica. Me refiero a consensos dominantes, adoptados por los principales partidos políticos y por la mayoría de los editorialistas y comentaristas de los grandes medios de comunicación social. Son tanto más intrigantes porque se producen sobre todo en sociedades donde supuestamente la democracia está más consolidada y donde, por eso, la competencia de ideas e ideologías se esperaría que fuera más libre e intensa. Por ejemplo, en los últimos treinta años se consolidó el consenso de que el Estado es el problema y el mercado la solución; que la actividad económica es tanto más eficiente cuanto más desregulada; que los mercados libres y globales son siempre preferibles al proteccionismo; que nacionalizar es anatema, mientras privatizar y liberalizar es la norma».
Más adelante, expresa su sorpresa: «De repente, el Estado volvió a ser la solución y el mercado el problema; la globalización fue puesta en cuestión; la nacionalización de importantes entidades económicas dejó de ser anatema y pasó a ser la salvación. Aún más intrigante es que sean las mismas personas e instituciones las que defienden hoy lo contrario de lo que defendieron ayer, y aparentemente lo hacen sin tener mínima conciencia de la contradicción». Cambiando muy pocas palabras otro tanto se podría decir entre nosotros. Aunque la resistencia a aceptar la importancia del Estado no sea una verdad que corra entre las cámaras patronales. Es que, como parece, la inteligencia de disimular es mayor en el norte que aquí. Se puede seguir sosteniendo un catecismo neoliberal sin mucho pudor. Por ello hablé antes de la necesidad de un claro discernimiento.
Veamos que está pasando en los EEUU. La crisis ha tenido consecuencias graves entre los trabajadores, por ello: «Premios Nobel como Arrow, Sollow y Stiglitz, y otros 37 científicos sociales norteamericanos de primer nivel, como Dean Baker, James Galbraith, Brad De Long, Robert Frank, Richard Freeman, Frank Levy, Lawrence Michel y Robert Pollin, en apoyo de los sindicatos, de los trabajadores y de una nueva legislación que democratice la vida laboral en los EEUU… Las instituciones que gobiernan el mercado de trabajo han fracasado, generando la insólita e insana situación actual, en la que la remuneración horaria de los trabajadores norteamericanos se ha estancado, a pesar del incremento de su productividad. En efecto: entre 2000 y 2007, el ingreso del hogar mediano en edad laboral cayó en 2.000 dólares, un desplome sin precedentes. En ese tiempo, prácticamente todo el crecimiento económico de la nación fue a parar a un reducido número de norteamericanos ricos».
Si no entiendo mal, en estos momentos se está discutiendo en el país del norte qué modelo de sociedad, qué modelo de Estado, qué modelo de instituciones deben intermediar para administrar la severa crisis para que no la sigan pagando los más débiles. Aparece acá claramente un debate sobre el modelo, que no es muy diferente del que se plantea en nuestro país. Lo que puede sorprender es que cuarenta de los más prestigiosos economistas de relevancia internacional salgan al cruce de los apetitos desmedidos de las patronales. Uno puede preguntarse ¿qué los llevó a publicar esta solicitada? Una posible respuesta la podemos encontrar en el resultado de las investigaciones que realizó la profesora Kate Bronfenbrenner, de la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad de Cornell, autora de La intensificación de la resistencia empresarial a la organización de los trabajadores.
Ella ha descubierto que «dos tercios de las empresas observadas violaban el derecho laboral vigente en los EEUU con prácticas como el interrogatorio a aquellos trabajadores que intentaban sindicalizarse, con amenazas por apoyar a los sindicatos, despidos de organizadores sindicales o uso de otra media docena de tácticas ilegales para desbaratar las campañas de sindicalización». Dice que esas tácticas ilegales de la patronal se han empleado para rebajar la representación sindical en las empresas norteamericanas. Ahora podemos comprender la conducta de Walmart. Esto es también parte de un modelo.
Más adelante, expresa su sorpresa: «De repente, el Estado volvió a ser la solución y el mercado el problema; la globalización fue puesta en cuestión; la nacionalización de importantes entidades económicas dejó de ser anatema y pasó a ser la salvación. Aún más intrigante es que sean las mismas personas e instituciones las que defienden hoy lo contrario de lo que defendieron ayer, y aparentemente lo hacen sin tener mínima conciencia de la contradicción». Cambiando muy pocas palabras otro tanto se podría decir entre nosotros. Aunque la resistencia a aceptar la importancia del Estado no sea una verdad que corra entre las cámaras patronales. Es que, como parece, la inteligencia de disimular es mayor en el norte que aquí. Se puede seguir sosteniendo un catecismo neoliberal sin mucho pudor. Por ello hablé antes de la necesidad de un claro discernimiento.
Veamos que está pasando en los EEUU. La crisis ha tenido consecuencias graves entre los trabajadores, por ello: «Premios Nobel como Arrow, Sollow y Stiglitz, y otros 37 científicos sociales norteamericanos de primer nivel, como Dean Baker, James Galbraith, Brad De Long, Robert Frank, Richard Freeman, Frank Levy, Lawrence Michel y Robert Pollin, en apoyo de los sindicatos, de los trabajadores y de una nueva legislación que democratice la vida laboral en los EEUU… Las instituciones que gobiernan el mercado de trabajo han fracasado, generando la insólita e insana situación actual, en la que la remuneración horaria de los trabajadores norteamericanos se ha estancado, a pesar del incremento de su productividad. En efecto: entre 2000 y 2007, el ingreso del hogar mediano en edad laboral cayó en 2.000 dólares, un desplome sin precedentes. En ese tiempo, prácticamente todo el crecimiento económico de la nación fue a parar a un reducido número de norteamericanos ricos».
Si no entiendo mal, en estos momentos se está discutiendo en el país del norte qué modelo de sociedad, qué modelo de Estado, qué modelo de instituciones deben intermediar para administrar la severa crisis para que no la sigan pagando los más débiles. Aparece acá claramente un debate sobre el modelo, que no es muy diferente del que se plantea en nuestro país. Lo que puede sorprender es que cuarenta de los más prestigiosos economistas de relevancia internacional salgan al cruce de los apetitos desmedidos de las patronales. Uno puede preguntarse ¿qué los llevó a publicar esta solicitada? Una posible respuesta la podemos encontrar en el resultado de las investigaciones que realizó la profesora Kate Bronfenbrenner, de la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad de Cornell, autora de La intensificación de la resistencia empresarial a la organización de los trabajadores.
Ella ha descubierto que «dos tercios de las empresas observadas violaban el derecho laboral vigente en los EEUU con prácticas como el interrogatorio a aquellos trabajadores que intentaban sindicalizarse, con amenazas por apoyar a los sindicatos, despidos de organizadores sindicales o uso de otra media docena de tácticas ilegales para desbaratar las campañas de sindicalización». Dice que esas tácticas ilegales de la patronal se han empleado para rebajar la representación sindical en las empresas norteamericanas. Ahora podemos comprender la conducta de Walmart. Esto es también parte de un modelo.
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